Cultura

Adaptación Genuina de la dramaturgia sobre el olvido

Carlo Zebadúa

10 de Mayo 2021

El Padre, película ganadora del Óscar a Mejor Guion Original, destacó por encima de las demás nominadas. Está de más decir que la obra homónima de la cual se sustrajo es su hermana gemela. Ya sea por el tono de los personajes, los sucesos o el escenario, todo resulta similar, pero no sólo eso hace de la obra una magnífica adaptación.

El filme de Florian Zeller, retrata la vida de Anthony (Anthony Hopkins), un hombre de 80 años que padece demencia senil y vive con su hija Anne (Olivia Coleman). A causa de su enfermedad, Anthony confunde lo que sucede en su departamento y en ocasiones no reconoce a su propia hija.

Con respecto al medio de comunicación, hay que distinguir que el teatro maneja su percepción a través de los gestos ingentes para que el público en el anfiteatro no pierda detalle de los hechos. Además, la escenografía y cómo los personajes habitan en ella son una herramienta esencial en la exposición dramática. El espectador está sentado a sólo unos cuantos metros del relato.

Sin embargo, el cine carece de este acercamiento material y corpóreo hacia la historia; todo está enmarcado por miles de fotografías. Y eso hace de El Padre una adaptación sublime. Cada marco busca transmitir lo que el protagonista siente y ve. A diferencia de su hermana dramática, la película confiere a la narrativa una índole reducida y compacta la cual le viene como guante a la medida a la traducción de la obra.

Cada detalle significativo de la dramaturgia se renovó en el lenguaje donde reside el cine: la cinematografía. Puede sonar algo excéntrico, pero el filme narra una historia nueva a través de la captura de la cámara. La edición, los ángulos y los movimientos cinematográficos hacen de la percepción algo indispensable en la obra audiovisual. Especialmente, cuando el narrador en la película tiene una naturaleza no confiable.

De hecho, la comunicación visual es vital para representar la percepción distorsionada del protagonista. Gracias al relato de la cámara el espectador tiene una noción confusa de la realidad al igual que Anthony, lo cual transmite la esencia de la historia. Ya que el lugar donde sucede la historia queda atrapado por las tomas, a diferencia de la escenografía en el teatro, las transiciones y los cortes confieren una dimensión más temporal que espacial al producto.

Cabe aclarar que ninguna de las dos obras es mejor. La experiencia teatral traza el mismo camino que la sala de cine, sólo que aprovecha formas distintas. A veces la proximidad de los actores y actrices hace de la sensibilidad algo más puntual, pero el recurso de la cinematografía otorga una mejor inmersión.