Entretenimiento

Ciudad de Piedra

Orly Morgenstern

21 de Agosto 2021

Chichén Itzá es un lugar curioso. La última vez que fui era el apocalipsis — bueno, el borde del apocalipsis según la profecía de que el fin del mundo sería en el 2012 —

En pleno apocalipsis, uno distinto al que, creo que, se referían los mayas, volví a visitar esa ciudad de piedra inconsciente del tiempo; que aún conociendo con perfección de reloj parece perdida.

Menos por el estado de su suelo y la textura de las nubes, hay lugares que permanecen iguales. Aquel día previo al fin del mundo que no sucedió, o del que no me percaté, había mucha gente visitando la ciudad maya. Ese día hizo el mismo calor que este. Las nubes se comportaron de forma parecida y la gente hizo lo mismo, solo quizás, el suelo era más árido y nadie se creía la profecía de aquel último día del tiempo.

Así como es verdad que en algunos sitios parece que el tiempo se detiene, también es cierto que la serpiente emplumada corre por las escaleras de su templo. Chichén Itzá es un sitio de esos que resguarda secretos y susurra palabras para quien, sin vergüenza, se atreve a gritarlas. Un lugar de memoria, y a la vez desolación, hogar de almas como individuos olvidadas y recordadas como civilización en piedra.

El recorrido fue idéntico solo que esta vez sin guía. Los aplausos demostrativos de la acústica entre dos paredes se escuchaban desde todos lados de la explanada central. En la cancha del juego de pelota, una estructura como de frontón con tallados en las piedras y aros en sentido invertido al basket ball, los guías convencían a los turistas de gritar “eco” y escuchar las paredes responder con sus mismas palabras.

De nuevo lo mismo, idénticas personas sin ser las mismas — a menos que mi memoria esté fallando — intentando tomarse fotos en el aire con la pirámide de Kukulcán al fondo. Mismo nombre del bulevar de los hoteles, curioso.

Ay México querido, cómo bifurcas en las definiciones y eres constante con los tiempos. Perdido y encontrado en cada esquina, olvidadizo de sus pasadizos y avenidas de tierra, entre arqueología de orígenes varios y tecnología apilada hecha de piedra.

Algunas de las primeras fotos que tomé fueron ahí, en Chichén Itzá, un día de esos muchos previos al apocalipsis. Hoy volví, un día en pleno apocalipsis. No sé si llegó tarde o si es uno diferente pero si el mundo se acaba, Chichén Itzá seguirá.


Me dijeron que la práctica hace al maestro, pero yo veo dos fotos iguales.

Fotos: https://link.medium.com/If8wLKJyRib