Internacionales

Hasta que el fuego nos separe

Santiago Pedroza Parrales

4 de octubre del 2021

El pasado domingo 19 de septiembre, por eso de las tres y cuarto de la tarde, se escuchó un estallido cerca de las faldas de una montaña en La Palma, una de las Islas Canarias en España. Asombrados por aquel estruendo, los vecinos salieron de sus casas para poder investigar el origen de este, sin saber que una carrera contra el tiempo había comenzado. Resultó ser que un volcán que se ubicaba tan solo a escasos metros de la población había hecho erupción y ahora su lava avanzaba a paso veloz en dirección de los habitantes.


Diversos terremotos con categorías entre dos y cuatro de la escala de Richter auguraban el evento en los días previos a la erupción. Ahora humo y desechos rocosos a más de 200 grados Celsius provenientes del interior del volcán brotan con violencia hacia la superficie. Era evidente que la lava no pararía y se comenzó a hacer labor de evacuación en las zonas más cercanas. La Guardia Civil española organizó la liberación inmediata de las comunidades de Cumbre Vieja, Todoque y El Paso. La presencia de la lava en Todoque es sobre todo preocupante, ya que este se encuentra a medio camino entre el sitio de la explosión original y el mar.


Al llegar al mar y hacer contacto con el agua, la lava se solidificará expidiendo cantidades inmensas de gases completa y altamente nocivas para la población, así como para la flora y fauna del lugar. Inicialmente se creía que la lava se vería frenada por las mismas edificaciones que se verían aniquiladas por el calor infernal de la piedra derretida, por los esfuerzos de la Guardia Civil y debido a que el volcán únicamente contaba con dos aperturas por donde expedir sus desechos. Sin embargo, esto no será así, ya que el volcán ahora cuenta con 5 nuevas bocas por donde sale la lava, acelerando tanto la cantidad de materia liberada como su velocidad.