Internacionales

Unión ante la represión en Myanmar

Viviana Pelusi Medina

31 de mayo 2021

Desde el golpe de Estado a principios del año en curso, colectivos de la sociedad civil en Myanmar han convocado a la “desobediencia civil”, desafiando a la junta militar que se encuentra en el poder mediante protestas y huelgas masivas. Entre los meses de febrero y mayo, se calcula que el ejército ha asesinado a al menos 800 personas y detenido arbitrariamente a alrededor de 3,740. A pesar de esto, el pueblo birmano ha seguido saliendo a las calles para exigir el respeto a la democracia y la liberación del gobierno civil, incluyendo a la Consejera de Estado Aung San Suu Kyi, que fue derrocado en febrero.


Es importante tomar en cuenta que esta crisis es sólo la más reciente en una serie de incidentes de inestabilidad política y gobiernos autoritarios que han frecuentado en Myanmar desde que consiguió su independencia del Imperio Británico en 1948. Este país asiático vivió una dictadura militar extremadamente violenta desde 1962 que no fue removida del poder hasta el 2011, cuando se llevaron a cabo reformas democráticas y se disolvió la junta militar. En el 2015, los civiles llegaron al poder con la victoria del partido Liga Nacional por la Democracia (LND), en las elecciones. Es importante tomar en cuenta que Myanmar nunca alcanzó una democracia plena; sin embargo la llegada de un gobierno civil con Aung San Suu Kyi, quien ganó un Nobel de la Paz por su activismo contra la dictadura,a la cabeza fue significativo para muchos. Sin embargo, incluso dentro de este gobierno hubo una fuerte represión contra minorías étnicas,y la misma Aung San fue cómplice de los crímenes del ejército en el 2017 contra los musulmanes Rohingya. Cabe mencionar también que la misma ciudadanía, debido al fuerte nacionalismo en este país de mayoría budista, en su mayoría también apoyó al ejército en su campaña contra los rohingya que fue justificada como “medidas anti-terrorismo”.


Actualmente, los diferentes grupos étnicos y religiosos se han unido para hacer frente a la represión del gobierno militar, y muchos activistas han reconocido el error que cometieron al haber estado del lado del ejército cuando atacó a los rohingya. Miembros del gobierno anterior y organizaciones de derechos humanos han formado el colectivo “Gobierno de Unidad Nacional” para promover el movimiento pro-democracia ante la comunidad internacional y, de ser posible derrocar a la junta militar, crear una nueva constitución que tome en cuenta los derechos de las minorías. Sin embargo, el ejército está haciendo todo lo posible para evitar un regreso a la democracia, puesto que el viernes pasado comenzaron el proceso para disolver el partido LND y planean someter a juicio a Aung San Suu Kyi y otros miembros de su gobierno por “traidores”.


Dicho lo anterior, a pesar de que el ejército ha reprimido la disidencia con fuerza letal, es evidente que la ciudadanía de Myanmar está más unida y determinada que nunca a aferrarse a las libertades que les quedan e intentar regresar a la democracia.