Internacionales

La vacuna contra la Malaria: ¿esperanza?

Marianne Milner

24 de octubre del 2021

La malaria es una enfermedad causada por parásitos, los cuales son transmitidos mediante las picaduras de los mosquitos anófeles infectados, causando que la persona sufra de anemia, fiebre, escalofríos, sudoración, dolor de cabeza, y en unos casos, muerte. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos han estimado que cada año, entre 300 a 500 millones de personas son infectadas con la enfermedad, y medio millón muere, casi la mitad siendo niñxs.


A pesar de que la vacuna para tratar a la enfermedad, llamada RTS.S, ha mostrado ser eficaz en reducir las transmisiones desde 2015, se continuaron desarrollando mejoras, y ahora, en octubre de 2021, la Organización de la Salúd Mundial (OMS) aprobó la distribución de una nueva vacuna oficial. Esta está siendo producida y distribuida por la farmacéutica GlaxoSmithKline, pero, aunque actualmente ya se han creado y donado 10 millones de dosis, y la compañía prometió dar 15 millones al cada año a partir de este, la compra y distribución masiva será responsabilidad de la comunidad internacional, al igual que más donaciones o inversionistas privados que la puedan pagar. Actualmente, quienes están a cargo de las campañas de implementación de la vacuna son la OMS, PATH, la UNICEF, al igual que los programas de salud en Ghana, Kenia y Malawi, unos de los varios países africanos que más han sido afectados por la enfermedad.


Debido a los varios avances a lo largo de los años, la efectividad de la vacuna ha subido a un 40%. Claro, tanto la comunidad científica como las personas enfermas preferirían que el porcentaje fuera más alto, pero aún siendo un poco menos del 50%, la vacunación prevendría, anualmente, 5.4 millones de casos y 23.000 muertes en niñxs de menos de 5 años. Es decir, podría prevenir en niñxs 4 de cada 10 casos de malaria, y 3 de cada 10 casos de malaria severa. El problema actual recae en la infraestructura económica de países africanos que más la necesitan, al igual que las consecuencias que ha traído la pandemia, como los shocks de oferta y suministros en la distribución de bienes en general. También se argumenta que es esencial tener personal de los sectores de salud y educación informadxs sobre la aplicación de la vacuna en los países donde más es necesitada, ya que podrían ayudar a desmentir el estigma que muchas comunidades tienen gracias a traumas históricos de esterilización forzada y desciminación en cuanto a la salud.


Para muchas familias, esta nueva vacuna simboliza esperanza para la vida de sus hijxs, y pruebas de que la ciencia, mezclada con cooperación internacional, puede llegar a avances que salvan millones de vidas. Claro, unx no debe de perder de vista que muchos avances científicos y tecnológicos sólo son fuentes de lucro para compañías privadas, inversores y farmacéuticas, más que un acto humanitario o benévolo.