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Pandemia y Pre-pandemia: ¿Dos mundos irreconciliables?

Fernando Díaz Rivero Jiménez

8 de Febrero 2021

Si trajeras al mundo de hoy a tu yo de hace un año, ¿lo reconocerías? Todo ha cambiado tanto en tan poco tiempo que a menudo es difícil asimilar su magnitud. Y ahora, un año después de irme de intercambio a Múnich, he reflexionado sobre la enormidad de esta transición, y de si existe alguna manera de reconciliar el mundo anterior a la pandemia y el mundo del Coronavirus.

Lo primero que se extraña de la época pre-pandémica es ver a los amigos entre clases. La carga de trabajo siempre ha sido implacable, pero al menos entonces podíamos quejarnos de ella juntos, en persona, mientras nos sentábamos en la explanada, y probablemente discutíamos planes sobre reunirnos mientras decíamos tonterías. Ahora, la carga de trabajo sigue siendo la misma, pero se encuentra pegada a nuestra computadora sobre calentándose por culpa de Zoom, y todas esas interacciones con nuestros amigos se han reducido a las redes sociales y a las reuniones en Zoom.

También me he encontrado recordando cómo hace un año estaba viviendo en Múnich. Aunque ya había visitado Alemania varias veces, todo me parecía nuevo. Perderme en el transporte público, caminar kilómetros asombrado por los hermosos edificios que me rodeaban, sentirme refrescado por estar rodeado de un idioma que no era el español ni el inglés. La novedad de todo aquello parecía ralentizar el tiempo. Y ahora, con los días apresurándose, estoy atrapado en casa, sólo saliendo para ir al súper o a pasear a mi perro, inmerso en el profundo smog de Ciudad de México, anhelando regresar a Alemania, anhelando otra Hofbräu, anhelando volver a ver a mis amigos…

Antes de que el Coronavirus nos enviará a nuestras casas, podíamos permitirnos el lujo de ser ignorantes sobre muchos de los males antes ocultos de la sociedad. Hace cinco años, cuando el mayor temor de todos era que Trump iniciara una guerra nuclear por alguna ilógica razón, Bill Gates nos advirtió que la mayor amenaza para la humanidad no eran las armas nucleares, sino los virus altamente infecciosos. Nos costó una pandemia escuchar, e incluso cuando escuchamos, seguimos equivocándonos.

Similarmente, los teóricos de conspiraciones me parecían tiernos por aquel entonces. Me regocijaba en mi nueva sensación de superioridad al toparme con terraplanistas o con creyentes en la élite secreta de reptilianos satánicos. Pero ahora, esas cosas ya no son divertidas; son un peligro para la sociedad. Los movimientos antivacunas resurgen con fuerza en un momento en el que estas son la clave de nuestra salvación de la ruina. La gente que amenaza con desestabilizar una de las democracias más importantes del mundo porque su presidente supremacista Cheeto y sus Q-Drops se los han dicho… George Carlin tenía razón cuando nos advirtió de no "subestimar el poder de la gente estúpida en grandes grupos”.

¿Y cómo veo esto?, ¿Existen siquiera similitudes entre dos épocas tan aparentemente irreconciliables? Creo que existe una similitud que reconcilia ambos tiempos.

El Coronavirus mostró el lado más verdadero de las personas. Aquellos que ya tenían tendencias hacia las creencias conspirativas acabaron profundizando aún más en sus ‘rabbit holes’ de internet. Del mismo modo, los que ya se inclinaban por los movimientos de justicia social se involucraron cada vez más en ellos. Esta vez, sin embargo, la fealdad de la realidad se hizo demasiado notoria como para ignorarla. Teniendo en cuenta esto, afirmaría que ambos mundos yacen igualmente confusos y plagados de miseria humana. La diferencia es que el mundo actual, a pesar de toda la oscuridad que cierne sobre nosotros, es más transparente y honesto sobre sus males.