Nacionales

La excepción a la regla

Regina Vásquez Colmenares

10 de Mayo del 2021

El audio de la maestra agredida durante su clase virtual cala mucho. Llena los huesos con rabia e impotencia por dos razones: 1) porque la mayoría de las mujeres sabe que es estar en su lugar y 2) porque es la prueba pura de que el problema de violencia doméstica durante la pandemia por COVID-19 le quedó grande al gobierno.

En los ruegos y gritos de la maestra, me escuché. Escuché a mi madre, a mis hermanas y a mis amigas. Oí a todas las mujeres que hemos sido víctimas de violencia a manos de hombres que creen tener un derecho divino sobre nosotras.

Lo que pasó durante su clase no fue algo nuevo. No fue la primera vez que la agredía su pareja y no fue una situación que solamente se salió de control. En su voz no había sorpresa. No pidió que se detuviera. Ella aceptó lo que estaba pasando, como quien acepta una gotera en el techo y únicamente le pedía que la dejara “cortar la clase”.

“Ya escucharon, ya escucharon” lloraba la maestra. Los gritos y los golpes no le importaban. Ella solo quería salvar el último resquicio de dignidad que le quedaba. A veces, cuando te encuentras en situaciones así, lo único que te ayuda a resistir es que nadie sepa lo que está pasando.

Su secreto se reveló. Quedó expuesta y sintió vergüenza. La misma vergüenza que sentimos todas porque creemos que esa violencia es nuestra culpa, que nos define y que estamos solas.

Su historia duele y enoja, pero esta vez la terminó con un buen final. La profesora obtuvo ayuda. La Universidad Autónoma del Estado de México, donde trabaja, emitió un comunicado en donde aseguró que “Se coordinaron las acciones de forma inmediata, para ofrecer a nuestra compañera profesora: asistencia psicológica, así como apoyo y asesoría legal, a fin de que la docente determine realizar la denuncia correspondiente”.

Hoy ya se abrió una carpeta de investigación de oficio por violencia familiar contra su agresor. Hoy ella está a salvo y tiene personas que la están ayudando y protegiendo.

Lamentablemente ella es la excepción a la regla de mujeres víctimas de violencia doméstica en el país.

Según el INEGI, a nivel nacional por cada 100 mujeres que experimentaron algún incidente de violencia por parte de su pareja actual o última, sólo 12 presentaron denuncia y/o solicitaron apoyo. De éstas 12, únicamente 6 solicitaron apoyo a alguna institución, 3 sólo denunciaron y solo las restantes 3 hicieron ambas acciones.

Desde antes de la pandemia por COVID-19, la violencia contra las mujeres en México era ya un problema alarmante. A pesar de las políticas públicas que se han implementado para prevenir y atender esta situación, algunos tipos violencia contra las mujeres no han disminuido, sino que han aumentado.

Se ha registrado un aumento preocupante en asesinatos de mujeres, llamados de auxilio relacionados con violencia y aperturas de investigaciones penales por violencia familiar durante la contingencia sanitaria de COVID-19.

Con base en información emitida en los reportes mensuales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, el total de mujeres asesinadas en abril de 2020 fue, en promedio, 11.2 mujeres por día.

El total de llamadas relacionadas con violencia sexual, familiar y contra las mujeres, en abril de 2020 fue, en promedio de 143 llamadas por hora.

Los registros de marzo de 2020 representan la mayor tasa de apertura de investigaciones penales por violencia familiar desde que el delito comenzó a ser registrado a nivel nacional en 2015.

No es suficiente lo que se está haciendo. La violencia familiar empieza en gritos y demasiadas veces, termina en muerte.

El Estado mexicano y todas sus instituciones, en las 32 entidades federativas, deben de implementar medidas urgentes por el incremento de violencias ante el confinamiento por COVID-19. Se debe mitigar los impactos que esta pandemia ha tenido en la vida, dignidad y seguridad integral de millones de mujeres mexicanas.

La sordera y ceguera de nuestras autoridades debe terminar. Los ciudadanos demandamos —exigimos— una escucha más activa. El caso de la maestra de la UAMex queda como un precedente más en la lucha para frenar la violencia doméstica en el país.